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Historia - QUIENES ERAN LOS CONDOTIEROS
La palabra italiana condottiero procede de la palabra condotta, que se refiere al contrato que da derecho al sueldo a aquellos capitanes de soldados que tengan, por un período de tiempo establecido, un determinado numero de lance a su disposición .
Este tipo de contrato apareció a mitad del siglo XIV y uno de los primeros condotieros en utilizarlo fue Alberico da Barbiano. Este famoso condotiero fue también el primero en formar una compañía a través de un verdadero reclutamiento de viejos camaradas, nuevos soldados, amigos y parientes, para que el espiritu de la compañía se fortaleciera. Los soldados dependían directamente del capitán, ya que él mismo los armaba y los pagaba de su bolsillo.
Había dos tipos de condotta: a mezzo soldo, cuando el capitán de la compañía tenía mayor autonomía y, corriendo menos riesgos, no recibía un sueldo integro, y a soldo disteso, cuando el capitán dependía directamente del capitán general de la ciudad o del señor. Las condotte, y en consecuencia el sueldo y las fuerzas numéricas, variaban según se tratara de un período de paz o de guerra, como por ejemplo occurría en Venecia.
Normalmente una condotta duraba seis meses, y luego se podía renovar por otro semestre (beneplacito). Primero, las partes se vinculaban por seis meses y este período era llamado fermo (del que deriva la palabra ferma, sinónimo de condotta) y luego llegaba el período denominado aspetto en el que el condotiero permanecía vinculado al señor que tenía el derecho a decidir si renovarle el contrato. A menudo el contrato se renovaba también en tiempo de paz y el sueldo mensual que recibía el condotiero para proteger los territorios se llamaba raccomandiglia.
La cláusula más importante era la que se refería al sueldo. Todas las condotte necesitaban un adelanto que normalmente consistía en un cuarto o un tercio del sueldo, para cubrir los gastos del viaje, de la organización de la compañía, y que también servía como garantía por parte del Estado.
Después de firmar el contrato, el capitán tenía que hacer “muestra” de sus hombres de armas, que se controlaban y registraban por parte de los funcionarios y los encargados de la evaluación de los armamentos, de los caballos y de los equipos. Aparecieron así nuevas figuras profesionales en el ejército, como el notario, que se ocupaba de todas las escrituras notariales, el procurador, que se ocupaba del aprovisionamento, y otros grados que se utilizaban según las dimensiones de la compañía.
Otra importante cláusula era aquella de la repartición del botín y de los prisioneros. Normalmente al condotiero y a sus hombres les correspondían todos los bienes muebles de los que se habían apoderado, en cambio todos los terrenos, los castillos y las fortalezas conquistadas pertenecían al Estado. Lo mismo pasaba con los prisioneros: los exiliados, los traidores y los capitanes tenían que ser entregados a las autoridades, mientras que los demás permanecían a la merced de los que los habían capturado.
Este fenómeno llevó a la creación de unas dinastías de condotieros y de pequeños señores que invertían su dinero en la formación de compañías de armas con el objetivo de ser pagados por los potentes Señores y, en algunos casos(a menudo cuando el sueldo escaseaba), con el objetivo de ser condecorados con título nobiliar y terrenos. La vanidad era algo muy distintivo de los condotieros del siglo XV y se ostentaba sobre todo en la heráldica y en los lemas. Esta característica llevó los escritores de aquellos siglos a paragonar los condotieros a los héroes clásicos, convirtiéndoles de simples mercenarios de final de siglo XIV en héroes épicos y defensores de sus tierras.